El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, ha marcado un punto de inflexión en la política de activos digitales de la administración Trump. Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca el pasado 28 de mayo, Bessent fue tajante: no habrá una moneda digital de banco central (CBDC) estadounidense. Al mismo tiempo, instó al Congreso a acelerar la tramitación de la conocida como CLARITY Act, una pieza legislativa que busca establecer un marco regulatorio claro para las criptomonedas. La noticia llega en un momento en que Bitcoin cotiza alrededor de los 64.265 dólares y el mercado observa con atención los movimientos regulatorios.

Scott Bessent cierra la puerta al dólar digital

Las declaraciones de Bessent suponen la postura más clara hasta la fecha del actual Ejecutivo sobre las CBDC. “No habrá una CBDC bajo la administración Trump”, afirmó, zanjando así cualquier especulación sobre un posible dólar digital emitido por la Reserva Federal. La decisión se alinea con la línea dura que el Partido Republicano ha mantenido contra las monedas digitales de banco central, argumentando que supondrían una intromisión del Estado en la privacidad financiera de los ciudadanos y una herramienta de control excesivo.

La ausencia de una CBDC estadounidense tiene implicaciones profundas. Por un lado, elimina la competencia directa que estas monedas podrían suponer para las criptomonedas descentralizadas como Bitcoin. Por otro, deja un vacío que otros países podrían intentar llenar. China, por ejemplo, ya ha avanzado en su propio yuan digital, mientras que la Unión Europea avanza en el euro digital. La decisión de EE.UU. de quedarse al margen podría interpretarse como una apuesta por el sector privado y la innovación descentralizada.

La CLARITY Act, la otra pata del plan

Bessent no se limitó a descartar la CBDC. También pidió al Congreso que actúe con rapidez para aprobar la CLARITY Act, una ley que aspira a proporcionar un marco regulatorio integral para las criptomonedas. Aunque el secretario no ofreció detalles específicos, el nombre de la ley sugiere que busca claridad jurídica en áreas clave como la clasificación de activos digitales, la custodia, el intercambio y la fiscalidad.

La CLARITY Act ha sido objeto de debate en los últimos meses. Sus defensores sostienen que reduciría la incertidumbre que frena la inversión institucional y favorecería la adopción masiva. Los críticos, en cambio, temen que pueda imponer requisitos demasiado estrictos que ahoguen la innovación o que, por el contrario, deje lagunas que permitan malas prácticas. Lo cierto es que, de aprobarse, Estados Unidos daría un paso importante hacia una regulación homogénea, uniendo criterios que actualmente varían entre estados y agencias federales.

La presión de Bessent al Congreso no es casual. La administración Trump ha hecho de la competitividad tecnológica una de sus banderas, y el sector cripto es visto como un pilar de esa estrategia. Al mismo tiempo, el rechazo a la CBDC refuerza la idea de que el Gobierno quiere que la innovación en dinero digital surja del sector privado, no del Estado.

Implicaciones para el mercado de criptomonedas

La reacción del mercado a estas declaraciones no se ha hecho esperar. Bitcoin se mantiene estable en torno a los 64.265 dólares, lo que sugiere que los inversores ven con buenos ojos la claridad regulatoria que se avecina. La desaparición del fantasma de una CBDC estadounidense elimina un factor de incertidumbre que pesaba sobre el sector, ya que muchos temían que un dólar digital pudiera competir directamente con las stablecoins y otras criptomonedas.

Además, la posible aprobación de la CLARITY Act podría abrir la puerta a que más fondos de inversión y empresas tradicionales entren en el ecosistema cripto con un marco legal claro. Esto podría traducirse en una mayor liquidez y, potencialmente, en una subida de precios. Sin embargo, no todo son buenas noticias: una regulación más estricta podría también imponer costes de cumplimiento que afecten a los proyectos más pequeños.

Desde el punto de vista geopolítico, la postura de EE.UU. contrasta con la de otras potencias. Mientras China y Europa avanzan hacia sus propias CBDC, Estados Unidos elige un camino diferente: apostar por el sector privado y proporcionar reglas del juego claras. Esto podría convertir al país en un imán para empresas y talento cripto, siempre que la CLARITY Act no sea excesivamente restrictiva.

¿Qué esperar a continuación?

Las próximas semanas serán clave. El Congreso deberá decidir si acelera el debate de la CLARITY Act o si, por el contrario, la tramitación se alarga. Mientras tanto, el mercado observará cualquier señal sobre el contenido concreto de la ley. Los inversores harían bien en seguir de cerca las comparecencias de Bessent y los movimientos en el Capitolio.

Lo que está claro es que la administración Trump ha trazado una línea roja: nada de dólar digital, pero sí un marco regulatorio para las criptomonedas. Para el inversor medio, esto supone una mezcla de alivio y cautela. Alivio porque se aleja el riesgo de una moneda estatal que pudiera desplazar a las criptos; cautela porque la regulación, aunque necesaria, siempre conlleva incertidumbre hasta que se concreta. En cualquier caso, el debate sobre el futuro del dinero digital en Estados Unidos acaba de dar un giro trascendental.