DeFi son las siglas de finanzas descentralizadas. La idea es replicar servicios financieros (prestar, intercambiar, ahorrar) mediante programas que se ejecutan en una cadena de bloques, sin un banco que haga de intermediario.

Qué se puede hacer

En un protocolo DeFi puedes intercambiar una moneda por otra, prestar tus activos a cambio de un interés o aportar liquidez a un mercado. Todo ello a través de contratos inteligentes: código que ejecuta las reglas de forma automática.

Dónde está la trampa

Que no haya intermediario no significa que no haya riesgo. Al contrario: el riesgo cambia de sitio. Si el contrato tiene un fallo, alguien puede explotarlo. Los rendimientos altos suelen venir acompañados de riesgos altos, y muchos proyectos no sobreviven.

Una rentabilidad de tres cifras no es una oportunidad: es una señal de alarma.

DeFi es una de las áreas más interesantes del sector, pero también una de las que más cuidado exige. Antes de tocar nada, conviene entender qué hace cada protocolo y quién lo audita.