La masa monetaria estadounidense ha vuelto a hacer historia. Según los datos más recientes de la Reserva Federal, el agregado M2 —que mide el dinero en circulación más depósitos bancarios y otros líquidos— alcanzó los 23,05 billones de dólares en mayo, superando por primera vez la barrera de los 23 billones. El hito llega en un momento de creciente escepticismo sobre las políticas del banco central, al que algunos críticos acusan de haber reanudado discretamente los estímulos monetarios tras la pausa posterior a la pandemia.

El contexto del récord

El M2 había crecido de forma explosiva durante los confinamientos de 2020-2021, cuando la Fed inyectó billones para sostener la economía. Tras una fase de estabilización y endurecimiento monetario —con subidas de tipos y reducción de balance—, el indicador ha vuelto a acelerarse en 2026. El registro de mayo supone un incremento respecto al mes anterior y consolida una tendencia alcista que, para muchos analistas, es señal de que la política monetaria no es tan restrictiva como aparenta.

El informe H.6, publicado ayer, muestra que la oferta monetaria ha aumentado a un ritmo anualizado cercano al 6% en los últimos meses, muy por encima del crecimiento nominal de la economía. Esta divergencia es, históricamente, un indicador adelantado de presiones inflacionistas o burbujas en activos financieros.

¿Estímulo encubierto?

Las críticas se centran en que la Fed podría estar relajando su postura sin anunciarlo oficialmente. Instrumentos como la tasa de interés sobre reservas (IORB) o el programa de recompra inversa (reverse repo) han mostrado movimientos que, en la práctica, inyectan liquidez al sistema. Aunque la Fed insiste en que su objetivo es reducir la inflación al 2%, los datos de M2 sugieren que el tapón podría haberse aflojado.

Esta situación no es nueva. En ciclos anteriores, expansiones rápidas de la base monetaria han precedido a subidas en los precios de activos como acciones, bienes raíces y, por supuesto, criptomonedas. Bitcoin, que cotiza en torno a los 62.645 dólares en el momento de redactar esta pieza, podría verse influido por este flujo de liquidez si los inversores buscan refugio frente a una posible devaluación del dólar.

Implicaciones para Bitcoin y las criptomonedas

La correlación entre la oferta monetaria y el precio de Bitcoin no es perfecta, pero sí significativa a largo plazo. El activo digital se concibió como respuesta a la impresión de dinero fiduciario, y su oferta limitada a 21 millones de unidades lo convierte en un posible hedget contra la inflación monetaria. Si la Fed está efectivamente estimulando la economía, los argumentos a favor de Bitcoin se refuerzan.

Sin embargo, no todo son buenas noticias. Un repunte inflacionista podría obligar al banco central a retomar las subidas de tipos —o a mantenerlos altos durante más tiempo—, lo que reduciría el apetito por activos de riesgo. El mercado de criptomonedas ha mostrado en el pasado una alta sensibilidad a las condiciones de liquidez: cuando el dinero es barato, las criptos tienden a subir; cuando se encarece, caen.

La visión de los críticos

Entre los economistas que alertan sobre la nueva expansión monetaria destaca la figura de Peter Schiff, quien ha calificado el récord de "prueba irrefutable de que la Fed está inflando otra burbuja". Otros analistas, como Lyn Alden, señalan que el crecimiento del M2 no necesariamente implica inflación inmediata si el dinero se queda en reservas bancarias o en excedentes de liquidez sin circular. Pero el dato, al menos, siembra dudas sobre la narrativa oficial de una política monetaria restrictiva.

Para el inversor medio en criptomonedas, la clave está en vigilar los próximos movimientos de la Fed: cualquier indicio de que el banco central está flexibilizando sus condiciones podría impulsar una nueva oleada alcista. Por el contrario, si la Fed decide endurecer el discurso para contrarrestar las críticas, podríamos ver correcciones. Lo que está claro es que la masa monetaria sigue su propio camino, y sus consecuencias apenas empiezan a notarse.