El apetito de las empresas cotizadas por el bitcoin no da señales de agotarse. El último movimiento lo ha protagonizado H100, que ha cerrado la adquisición de NSD y, de paso, ha engordado su tesorería en criptomonedas de forma considerable: nada menos que 2.455,37 bitcoins añadidos de una tacada, lo que eleva sus tenencias totales hasta los 3.506,4 BTC. A los precios actuales del mercado —el bitcoin ronda los 64.921 dólares—, esa cifra equivale a más de 227 millones de dólares en reservas, aunque lo realmente llamativo no es el número, sino cómo se ha conseguido.

Una compra sin desembolso en efectivo

Lo curioso del acuerdo es que H100 no ha pagado en metálico. La operación se ha estructurado mediante un canje de acciones: la empresa ha entregado títulos propios a cambio de los activos de NSD, incluyendo su posición en bitcoin. Es decir, ha adquirido los 2.455 bitcoins sin tocar ni un dólar de su caja. Una fórmula que recuerda a otras operaciones corporativas del sector, donde el papel moneda de las acciones sustituye al efectivo, pero que en el mundo cripto tiene un matiz adicional: muchas de estas compañías ven el bitcoin no como un simple activo financiero, sino como una reserva de valor estratégica a largo plazo.

Para el accionista minorista, la operación puede leerse de dos maneras. La primera, como una señal de confianza: H100 considera que sus acciones valen más que el efectivo y que el bitcoin seguirá revalorizándose, por lo que prefiere tener exposición al activo digital antes que liquidez. La segunda, como una dilución encubierta: al emitir nuevas acciones para pagar la compra, los actuales accionistas ven reducida su participación, aunque a cambio reciben una tesorería más robusta. El resultado neto dependerá de cómo evolucione el precio del bitcoin frente a la cotización de la propia compañía.

El contexto: las empresas que apuestan por bitcoin

Este movimiento no ocurre en el vacío. En los últimos años, varias empresas han convertido el bitcoin en parte central de su balance. La más conocida es Strategy (antes MicroStrategy), que acumula miles de bitcoins y cuyo valor bursátil está íntimamente ligado al precio de la criptomoneda. Otras compañías, como la minera Marathon Digital o el fabricante de vehículos eléctricos Tesla, también mantienen posiciones relevantes, aunque con estrategias distintas: unas lo usan como reserva de valor, otras como medio de pago aceptado temporalmente, y algunas simplemente lo acumulan por convicción.

La novedad de la operación de H100 es el mecanismo. Mientras que la mayoría de las empresas han comprado bitcoin directamente en el mercado con efectivo, H100 ha utilizado sus acciones como moneda de pago. Esto podría marcar una tendencia si la valoración de las compañías cripto sigue subiendo: a mayor precio de las acciones, más atractivo resulta emitir títulos para adquirir activos sin descapitalizarse.

¿Por qué compran las empresas? Riesgos y oportunidades

El auge de las tesorerías corporativas en bitcoin se apoya en una tesis concreta: el bitcoin es un activo escaso —su emisión máxima está limitada a 21 millones de unidades— y, para quienes creen en su adopción global, actúa como una protección frente a la inflación y la devaluación de las monedas fiduciarias. En un entorno macro de tipos de interés variables y tensiones geopolíticas, esa narrativa gana enteros entre los equipos financieros de las empresas.

Pero no todo son luces. La volatilidad del bitcoin sigue siendo extrema en comparación con los activos tradicionales. Una caída brusca del precio puede golpear el balance de la empresa y su cotización, como ya se ha visto en episodios anteriores. Además, la contabilización de esas tenencias varía según la normativa: en muchas jurisdicciones, el bitcoin se trata como un activo intangible, lo que obliga a registrar deterioros si el precio baja, aunque también permite anotarse plusvalías cuando sube. Los responsables financieros deben equilibrar esa doble cara.

La operación de H100 es un ejemplo de cómo las empresas buscan vías alternativas para acumular bitcoin, algo que amplía el abanico de estrategias disponibles.

Qué vigilar a partir de ahora

La pregunta que surge tras este movimiento es si veremos más operaciones similares. Empresas con acciones muy revalorizadas y con una tesis pro-bitcoin podrían sentirse tentadas a replicar la fórmula: adquirir negocios con posiciones en criptomonedas a cambio de papel, sin tocar la caja. Eso aumentaría la exposición agregada del sector corporativo al bitcoin, reforzando la dinámica de escasez pero también acrecentando la correlación entre la bolsa y el mercado cripto.

Habrá que estar atentos a dos frentes. Primero, cómo absorbe el mercado la operación de H100: si sus acciones suben, validará la estrategia; si caen, sembrará dudas sobre la dilución. Segundo, el comportamiento del propio bitcoin: si la cotización mantiene los 64.000 dólares o supera máximos, los defensores de las tesorerías corporativas tendrán argumentos renovados. Por el contrario, un desplome pondría a prueba la solidez de estas apuestas. En un mercado tan dinámico como el actual, cada movimiento institucional cuenta.