Ha ocurrido de madrugada y ha durado poco, pero ha ocurrido. XRP ha perdido el dólar. El activo llegó a marcar un mínimo de 0,9929 dólares en las últimas veinticuatro horas antes de rebotar hasta los 1,019 en los que cotiza ahora. Es un movimiento pequeño en porcentaje y enorme en significado, porque ese número redondo llevaba casi dos años intacto.
Y llega a 34 días de la fecha más importante de su historia regulatoria.
El dato que casi nadie ha mirado
Para entender la magnitud del momento hay que retroceder bastante más de lo que sugiere el gráfico de esta semana. XRP recuperó el dólar a mediados de noviembre de 2024, tras el vuelco electoral en Estados Unidos, y aquel fue su primer cierre por encima de ese nivel en casi tres años. Desde entonces no lo había vuelto a perder.
Son unos veintiún meses defendiendo la cota. De hecho, en las últimas 365 sesiones no hay ni un solo cierre diario por debajo de un dólar: el más bajo de todo el año fue el de ayer, 1,0113 dólares.
La aproximación ha sido lenta y constante, más un desgaste que un desplome:
- Máximo de los últimos tres meses: 1,4826 dólares (15 de mayo).
- Hace 30 días: 1,0855.
- Hace 7 días: 1,0726.
- Ahora: 1,019, tras haber visto los 0,9929.
Eso es una caída del 6,1% en el mes y del 5,2% en la semana, sin ningún desplome brusco. El precio no se ha hundido: se ha ido escurriendo hacia el suelo psicológico hasta perforarlo por unas horas.
Por qué importa un número redondo
Técnicamente, un dólar no tiene nada de especial. Psicológicamente lo tiene todo. Los números redondos concentran órdenes de compra y de venta, marcan titulares y, sobre todo, funcionan como línea mental para quien lleva meses aguantando pérdidas.
Cuando un activo pierde ese nivel suelen pasar dos cosas a la vez: salta una oleada de stops de quienes lo tenían puesto justo debajo, y entra dinero que llevaba tiempo esperando «comprar por debajo de un dólar». El rebote inmediato hasta 1,025 sugiere que, esta vez, ganó lo segundo.
Conviene ponerlo en perspectiva: el activo cotiza un 72% por debajo de su máximo histórico de 3,65 dólares, marcado en julio del año pasado. Aun así, mantiene la sexta posición del mercado, con 63.902 millones de capitalización y un volumen diario de 1.319 millones, que sigue siendo de los más altos del sector.
Lo que viene: la fecha que lo condiciona todo
Aquí está el motivo por el que este momento no es un martes cualquiera. El 15 de septiembre, dentro de 34 días, el Senado de Estados Unidos vota el Clarity Act: la ley que definiría de una vez qué criptomonedas son valores y cuáles materias primas, repartiendo competencias entre la SEC y la CFTC.
Ningún activo tiene tanto en juego. La ambigüedad sobre esa pregunta marcó la última media década de XRP y mantuvo alejados a los institucionales estadounidenses. Que el texto salga adelante no haría subir el precio por decreto, pero eliminaría el motivo por el que mucho dinero grande no podía entrar.
Un matiz que conviene tener claro para no llevarse una decepción: ese primer voto es de procedimiento. Decide si el Senado abre el debate formal, no si la ley se aprueba. Es el pistoletazo de salida, no la meta.
El segundo reloj: el del ciclo
A la fecha legislativa se le superpone otra referencia. El bitcoin marcó su máximo el 6 de octubre de 2025 y hoy cotiza un 49,6% por debajo, en torno a los 63.500 dólares. En los dos ciclos anteriores, el suelo del mercado bajista llegó unos doce meses después del techo: diciembre de 2017 llevó a diciembre de 2018; noviembre de 2021, a noviembre de 2022.
Si el patrón se repitiera, la ventana de suelo caería entre octubre de 2026 y enero de 2027. Es decir: la votación del Clarity Act aterriza justo en el umbral de esa franja.
Y hay una tercera señal que encaja: el Índice de Miedo y Codicia está en 29 sobre 100, zona de miedo. Los suelos no se construyen con euforia, sino cuando el pesimismo lleva meses instalado.
Entonces, ¿es esto la capitulación?
Sinceramente: no hay forma de saberlo, y quien lo afirme está adivinando. Lo que sí puede hacerse es distinguir cómo suele ser una capitulación de verdad y comparar.
Una capitulación clásica trae volumen explosivo, caídas de dos dígitos en horas y liquidaciones masivas. Lo de ahora no se le parece: el volumen es alto pero normal para XRP, la caída del día es de menos de un punto porcentual y el precio ha rebotado en cuestión de horas. Esto se parece más a un desgaste que a un pánico.
Eso admite dos lecturas honestas y opuestas. La optimista: el nivel aguanta, hay demanda esperando debajo del dólar y el activo llega al catalizador de septiembre con la mayoría de vendedores ya fuera. La pesimista: los soportes que se visitan muchas veces acaban cediendo, y un mercado que se desliza durante meses rara vez gira sin un susto final.
Qué vigilar en las próximas semanas
- Si vuelve a perder el dólar y esta vez cierra el día por debajo. Ese sería el cambio real: no el pinchazo intradía, sino el primer cierre bajo un dólar desde 2024.
- El volumen en las caídas. Si el precio baja con volumen decreciente, suele indicar agotamiento vendedor, no fuerza bajista.
- Los flujos de los ETF de XRP. Mientras entre dinero, hay un suelo estructural de demanda; si se giran a negativo de forma sostenida, cambia el cuadro.
- El desbloqueo de la cláusula ética del Clarity Act, que es lo que ha retrasado la ley una y otra vez.
- El bitcoin. Ninguna altcoin gira antes que él; mientras BTC siga a medio camino, XRP tiene el techo puesto.
El resumen sin adornos
XRP ha tocado el nivel que no visitaba desde noviembre de 2024 y lo ha recuperado el mismo día. No es una capitulación por volumen, pero tampoco es una señal de fuerza: es un activo que lleva tres meses cediendo terreno poco a poco y que ha llegado a la línea que todo el mundo miraba.
Lo relevante es que lo hace a cinco semanas de un catalizador con fecha y dentro de la ventana temporal en la que los ciclos anteriores encontraron suelo. Esa combinación no garantiza absolutamente nada, pero explica por qué las próximas semanas concentran más atención de la habitual. La respuesta no la darán los números redondos: la darán los votos del Senado y los flujos institucionales.